La ladrona de libros

La ladrona de libros, Markus Zusak.Llegué a la La ladrona de libros con buenas críticas sobre el libro y recomendaciones de leerlo. Y no me ha decepcionado. Es una historia muy intensa a la par que humana, en un contexto duro pero interesante, y con una narrativa muy conseguida por parte de Markus Zusak. Si tengo que poner algún pero a todo ello, es que en determinados momentos he echado de menos la narración en primera persona por parte de la protagonista, de Liesel Meminger, la ladrona de libros. Aunque también es cierto que me parece muy original, oportuno y acertado la persona -o ente o quién sabe qué- que encarna el papel de narrador: la muerte. Y es que la historia se enmarca en la Alemania nazi de principios de los años 40, un país y un momento en el que, sin duda alguna, ella es la gran protagonista.

Liesel Meminger es una joven de unos diez años que es entregada a una familia de acogida. La idea era ir acompañada por su hermano pequeño, pero durante el trayecto el pequeño muere. Hans y Rosa Hubermann, un matrimonio que vive en Molching -a las afueras de Múnich-, serán sus padres de acogida. Serán unos años en los que Liesel descubra la magia de las palabras, de los libros… pero también el horror de la guerra, del odio y de la muerte.

Los sentimientos son el plato fuerte del relato. Y lo harán por varias vías. Por un lado, el cariño que se va formando entre la pequeña y sus padres adoptivos, especialmente en la relación tan especial y bonita que mantiene con su padre, Hans. En una amistad tierna y sincera, que va derivando en un primer amor, hacia su vecino, Rudy Steiner, el chico del pelo color limón. También hacia Max, un judío con el que entabla una amistad que va más allá de prejuicios y odios impuestos sin razón alguna. Pero también, por otro lado, de los peores sentimientos: la soledad, el miedo, el abandono… y esa muerte que siempre está presente en la Alemania nazi. Y, cómo no, el amor por los libros. Será su padre, Hans, quien se encargue de enseñarla a leer y hacer crecer en ella esa pasión por las letras, algo que también le hará darse cuenta del valor que tienen las palabras, para bien y para mal.

Recomiendo sin duda alguna leer este libro. Tiene una narrativa muy ágil, con frases muy cortas y plagadas de signos de puntuación. Pero a la par te pide leerlo con calma, despacio, parándote a ver cada escena y conseguir que te llegue cada sentimiento. Para conseguir eso, es tremendamente descriptivo, cada vez que llegan a un nuevo sitio o aparece un nuevo personaje, se detiene durante unas líneas a explicar al lector cada detalle del mismo. Y lo hace no sólo con una retahíla inmensa de adjetivos sino también con multitud de metáforas. En cuanto a la narración en tercera persona, a cargo de la muerte, también cabe destacar que se permite el hacer determinadas alusiones directas al lector que llaman la atención, además de la originalidad del narrador en sí.

No es un libro más, recurrente y tópico, enmarcado al azar en la tragedia vivida durante la primera mitad de la década de los 40 en Alemania… está muy bien pensado, elaborado y escrito. Merece la pena.

PUNTUACIÓN

8

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