La hojarasca

La hojarasca, Gabriel García Márquez.Hay autores que nunca te fallan… a los que necesitas volver de vez en cuando para reconciliarte con esa narrativa sencilla pero impresionantemente buena, cercana y inaccesible para la inmensa mayoría de los escritores. Y uno de ellos es García Márquez desde hace muchos años. Me gusta dosificar sus libros a lo largo de los años para tener siempre uno al que recurrir y, en esta ocasión, ha sido La hojarasca. Un libro pausado, como a él le gusta, con situaciones cotidianas que  narra como nadie. El tiempo real que transcurre durante la novela son apenas unos minutos, pero a través de lo que acontece en esos momentos, los pensamientos de los protagonistas y continuas alusiones al pasado llegamos a conocer la realidad de unos personajes y un pueblo, su querido Macondo. Lugar en el que, años más tarde, desarrollará su famosísimo Cien años de soledad.

Pero volvamos a La hojarasca, una novela que comienza con el fallecimiento del doctor del pueblo y que narra esos momentos breves pero interminables que transcurren desde ese momento hasta el entierro. Unos minutos eternos que García Márquez consigue transmitirnos a la perfección, esa quietud, ese no pasar nada, esos pensamientos que rondan las mentes de quienes le velan… con esa cercanía, humanidad y ternura que tanto le caracterizan, fijándose en esos pequeños detalles casi tontos de cada persona que nadie consigue describir como él.

El fallecimiento del doctor no es una noticia que entristezca en absoluto al pueblo de Macondo, de hecho es un hombre odiado por lo que la mayoría de sus habitantes viven este momento casi con alegría. Y es que durante una de las guerras civiles que sufrió el pueblo, éste se había negado a atender a un grupo de heridos que acudieron a su casa para pedirle ayuda. Pero entre todos los habitantes hay uno que lamenta el hecho y que se siente en deuda con el doctor: el coronel Aurealiano Buendía. Él será quien se encargue del funeral y esté presente durante esas horas de espera, a donde va acompañado de su hija Isabel y su nieto.

El narrador en esta obra es triple: el coronel, su hija y su nieto. Cada uno de ellos nos relatará cómo transcurren esas horas desde su punto de vista y sus pensamientos. Lo más curioso de todo es cómo van viviendo de forma diferente unos mismos acontecimientos según quién lo cuente. Así conocemos al coronel, un hombre bueno, decidido a velar por el doctor sin importarle lo que piense el resto del pueblo; su hija, quien le acompaña temerosa del qué dirán; y su nieto, quien no sabe muy bien qué hace allí pero que será quien nos narre cómo viven su abuelo y su madre esos tensos momentos. Pero también conoceremos la realidad de un pueblo empobrecido, al que sólo le quedan restos de una prosperidad lejana y viejos rencores que no se disipan por muchos años que pasen, rencores que ahora buscan venganza. Ejemplo de ello será la propia mujer del coronel, a quien también conoceremos aunque no esté presente y que refleja el sentir de un pueblo que no pasa página.

Un libro por tanto que me ha gustado, merece la pena deleitarse con esa narrativa inicial de García Márquez que refleja tan bien lo que irá llegando en años posteriores. Esa personalidad literaria tan marcada ya. Reconozco que hay otras del mismo autor que me han gustado más… pero en cualquier caso siempre es un acierto coger un libro suyo porque, hasta ahora, no ha habido ninguno que me haya decepcionado.

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